5.2.09

NAMASTE

La historia es vieja y por demás conocida: en la antesala del tiempo Dios dijo hágase la luz et lux facta est. Así entonces, el Verbo fue la materia primera y principio de todo. Bien dijo un griego: "La palabra es un tremendo dictador, que realiza portentos con su cuerpo sutil." Meras fábulas, sí, pero las fábulas están hechas de palabras; y si es cierto que todo mito tiene su parte de verdad, ¿entonces qué?... Pero no hace falta precipitar nuestas consecuencias hasta la extravagancia; consideremos que los cabalistas especularon profunda y seriamente en torno a las letras de su alfabeto y las combinaciones de cierto Nombre que no se pronuncia. Esto en cuanto a los judíos. Mucho antes, sin embargo, los sabios de la India antigua habían encontrado el Sánscrito, idioma del que, según narran sus leyendas, los dioses mismos se sirvieran.

De manera que, podría decirse, hoy en la tarde comencé mi adiestramiento para hablar a lo divino, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Si bien el aula era igual a todas las demás y yo ocupaba la misma silla púrpura con tablilla negra de siempre, los meros trazos de esas sílabas arcanas (cada uno como una elegante viñeta) evocaban la pátina y el espíritu de un saber antiquísimo. Las insólitas formas de pronunciar me revelaron maravillas de nuestro aparato vocal hasta entonces inexploradas, y mientras intentaba colocar mi lengua en la posición idónea para emitir una tha cerebral, me vinieron oportunamente las palabras de Cicerón: "¡Cuán notable y divina es la facultad del habla!"

Pero las verdaderas primicas de todo estudio siempre las obtiene el alma. A final de cuentas, la cultura es eso que una persona recordaría si se le olvidara todo. En lo personal, me siento motivado por una curiosidad que, he de confesar, no logro saciar todavía: la curiosidad de indagar más profundo en el hombre, de comprender las raíces de su naturaleza desde varios cristales y bajo distintas luces, de contener tanta plétora dentro de mis propios confines. Como dijimos antes, el uso de las palabras para este fin no puede subestimarse. Por si fuera poco, existe toda una tradición hindú que atribuye a la pronunciación de la lengua sacra una virtud mística: se trata justamente de los famosos mantra. ¿Quién sabe? Quizá entre la profusión de raíces y conceptos el lenguaje transmite algo más, algo escondido, inconsciente y sutil como el alma misma. Por lo pronto, la ya confesada avidez me asuza el intelecto con grandes e infatigables bríos, mientas otra parte de mí, más antigua y más oculta, se afana en recordar cómo sonaba esa primera Palabra...


RAM

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