5.3.09

RESURECCIÓN (de Cireno Sucré)

Voyeur de su dolor, malsana y ciega,
clamó desde su abismo el alma mía.
Sedienta de la luz se consumía
bebida por la sombra que la niega.

Mi cuerpo era una sala de tormentos
que una prisión más honda aprisionaba,
y un diablo en mis oídos vomitaba
cual pútrida ponzoña sus lamentos.

Mas tan inmundo llanto alcanzó el cielo
y el cielo iluminó aquel antro inmundo:
un fuego se encendió, quemando el hielo,

y ardió por el lugar donde es oriundo.
Supe así que al nacer un alta estrella
su reflejo en el mar también destella.



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